La boda en Madrid, celebrada en el templete de la plaza principal, la parte más señorial y antigua de la finca, y que albergó un antiguo Convento de los Padres Trinitarios del siglo XVII y XVIII, estuvo llena de momentos muy emotivos.
Al ser medio día, no faltaron los pay-pay, sombreros y sombrillas para evitar el sol y los pintorescos cucuruchos de lunares con arroz y flores.
El primer momento de sorpresa para los invitados fue la llegada de la novia en un simpatiquísimo Calessino Piaggio que luego, durante la fiesta, se transformó en un fotomatón donde se hicieron los novios e invitados las fotos más divertidas.
Posteriormente se llevó a cabo un cóctel de bienvenida en los jardines, rodeados de naturaleza y debidamente decorados para el gran día con sombrillas, chill-out, mesa de vinos, fino y cava, buffet de quesos, mesa de cocktail´s …. y diversos aperitivos que hicieron las delicias de todos.
El protocolo de mesas estuvo compuesto por una sucesión de discos de vinilo en el que cada invitado estaba ubicado en una mesa, distinguida con una canción seleccionada por los propios novios y especialmente para que la mesa correspondiente la bailase cuando sonase o agitase la servilleta en su defecto.
El menú estuvo compuesto de gazpacho de cereza del Jerte, balacalo Skrei, codillo Ibérico, una espectacular tarta Volcán de la Sagra del maestro pastelero Paco Torreblanca y todo regado con los mejores vinos.
Una vez acabada la comida, todos los invitados se cambiaron a una vestimenta más cómoda para dar comienzo la gran fiesta, que terminaría a altas horas de la madrugada.
Cuidando hasta el más mínimo detalle para que la boda fuese excepcional, la suma de muchos pequeños detalles hicieron de ello un Gran Día Inolvidable.
Un caricaturista agasajó con una divertida imagen de cada uno de los invitados, masajes express de cinco minutos para cuidar los pies, un kit de supervivencia para después de liarla parda y un sinfín de detalles para que todos los invitados disfrutasen de una celebración distinta y cuidada minuciosamente.
La iluminación exterior fundamental para realzar el ambiente dio un toque especial al entorno con unas divertidas luces de verbena y que junto a la orquesta en directo proporcionaron un ambiente vintage lleno de magia.
Y para finalizar una gran barbacoa con la que se puso el broche final a un día de ensueño, convirtiendo toda la celebración en un día único e irrepetible.